Internacionalismo

Las Madres que abrazaron a todos los pueblos

Nacidas del dolor y la represión militar, las Madres de Plaza de Mayo siguen exigiendo justicia por los 30 mil desaparecidos de la dictadura argentina.

Foto: Reproducción

Por Florencia Abregú
Del a Página del MST

Las Madres de Plaza de Mayo comenzaron a encontrarse en comisarías, hospitales, tribunales, iglesias, pasillos de juzgados y edificios gubernamentales para buscar a sus hijos e hijas desaparecidas; en esos encuentros buscaban algún dato que las llevara a dar con el paradero de ellos. Ante la falta de respuesta y la indiferencia del gobierno militar, las madres se reunieron por primera vez el 30 de abril de 1977 en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, Argentina. En el primer encuentro caminaron en ronda alrededor de la Plaza, puesto que la dictadura prohibía la movilización, y ellas, para identificarse, comenzaron a colocarse un pañuelo blanco en la cabeza, que luego, con el correr de los años, se convertiría en un símbolo de lucha a nivel mundial, al igual que las rondas, llevan 49 años reuniéndose cada jueves de todas las semanas de manera ininterrumpida. 

El Golpe de Estado de 1976

El 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas argentinas derrocaron el gobierno constitucional de María Estela de Perón, alias “Isabelita”, quien asumió la presidencia después de la muerte de Juan Domingo Perón. Argentina arrastraba un período de regímenes militares y decadencia económica; desde fines de 1975 la tensión crecía y crecía. Sin embargo, los diarios, a través de los medios de comunicación, comenzaron a tejer una narrativa que aseguraba que las fuerzas en las calles eran necesarias para poner orden.

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Las tres Fuerzas militares, Armada, Aérea y Ejército Nacional, tomaron la Casa Rosada y, a través del Comunicado N.° 1, informaron el Golpe de Estado. La Junta Militar designó a Rafael Videla como presidente de facto y llamó a su gobierno “Proceso de Reorganización Nacional”, en línea con el Plan Cóndor, donde los servicios militares de Paraguay, Chile, Uruguay y Brasil sellaron un pacto en alianza con los Estados Unidos para exterminar a todo aquel o aquella que pensara distinto en la región. Este período no sólo implicó la interrupción del orden democrático, sino también la consolidación de un modelo económico y político basado en la represión, el disciplinamiento social y la reestructuración del Estado.

El golpe de Estado de 1976 instauró en la Argentina un nuevo modelo económico basado en la valorización financiera del capital, la desindustrialización y la primarización de la economía, acompañado por una apertura indiscriminada de las importaciones. La dictadura desató un genocidio recurriendo al terrorismo de Estado, cuyo objetivo fue desarticular el alto nivel de organización, participación política y conciencia social que amplios sectores del pueblo argentino habían alcanzado en las décadas previas. 

La realidad es que ninguna dictadura se sostenía sin el apoyo civil, iglesias que incluían sacerdotes, los medios de comunicación que fueron funcionales a la dictadura, empresarios que aceptaron cargos políticos, civiles y una sociedad sometida a través del miedo, sin capacidad de enfrentar a las Fuerzas. El terror fue sistemático y totalmente ilegal; todos estaban comprometidos, desde los más altos rangos hasta los más bajos, quienes violaron los derechos humanos. En Argentina funcionaron más de 800 centros de detención que, de manera sistemática, secuestraban, torturaban y robaban bebés para desaparecerlos.

En 1976, con el Golpe hubo un quiebre institucional, se cerró el Congreso, se suspendieron los partidos políticos y se intervinieron los sindicatos. Se prohibieron los centros de estudiantes y todo tipo de organización social. Se censuró a la prensa, la ciencia y el arte. Construyeron el enemigo interno, los llamaron “subversivos y terroristas” para justificar el accionar criminal contra las organizaciones sociales, políticas, estudiantiles, sindicales, culturales, religiosas y toda forma de lucha y resistencia de nuestro pueblo. 

La lucha y el legado

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La dictadura estructuró un plan sistemático de apropiación de bebés y niños, con centros de detención ilegal como la ESMA, Campo de Mayo, el Pozo de Banfield, La Perla y la Comisaría 5ta de La Plata, entre otros, donde funcionaron maternidades clandestinas. Alrededor de 500 hijos e hijas de personas desaparecidas, que nacieron en cautiverio o fueron secuestrados junto a sus madres y/o padres, fueron apropiados entre 1975 y 1980. Algunos niños y niñas fueron entregados a familias cercanas a las Fuerzas Armadas o de seguridad; otros, abandonados en institutos como NN. En todos los casos les anularon su identidad y les privaron de vivir con sus familias, en conocimiento de la verdad, de sus derechos y de su libertad.

Hebe de Bonafini, fue la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo y una de las principales referentes del movimiento, a quien la dictadura le secuestró y desapareció, el 8 de febrero de 1977, a su hijo mayor, Jorge Omar, en La Plata y, el 6 de diciembre, ocurrió lo mismo con su otro hijo varón, Raúl Alfredo, en Berazategui. En su discurso durante la ceremonia de entrega del Premio UNESCO de 1999, expresó:

Por eso queremos educar, preparar a los jóvenes para que hagan política, para que se comprometan. La política no es corrupción, son los hombres los que la corrompen, son los hombres corruptos que nos engañan. Tenemos que hacer una generación de jóvenes que amen la política como la mejor acción del hombre, como la que nos liberará, como la que nos da mejor salida, como la que nos hace personas mejores.”

En ese sentido, dejó claro en esa conferencia el rol de las Madres de Plaza de Mayo y expresó: “lo que hacemos las Madres, para eso la marcha de cada jueves, para eso la acción de cada día. No importa cuánto nos amenacen, no importa cuántos nos quieran matar. Si la vida no vale para ponerla al servicio de lo que estamos haciendo, ¿para qué queremos la vida? La vida sólo vale cuando uno la entrega a una causa”.

Las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo han resuelto 140 casos y todavía buscan a 300 hombres y mujeres con su identidad cambiada. Han creado diversos mecanismos de búsqueda, estructurados junto al Equipo Argentino de Antropología Forense, que se formó en el año 1984 para investigar y exigir que no se exhumen los esqueletos sin identificar. Esta organización surgió como una organización no gubernamental, porque los familiares desconfiaban de los peritos oficiales que habían sido designados durante la dictadura.

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Además, en 1987 se creó por ley el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG), con el fin de esclarecer la identidad de los presuntos hijos y nietos apropiados. Así, se dispuso que el Banco conservara “una muestra de la sangre extraída a cada familiar de niños desaparecidos o presuntamente nacidos en cautiverio”. La posibilidad de descubrir la identidad de los niños a partir de la sangre de sus parientes se vincula con la “metodología para el cálculo de la probabilidad de abuelidad”, desarrollada por distintos genetistas tras adaptar, para el caso, los análisis utilizados en las pruebas de paternidad, como lo explica Víctor Penchaszadeh en el libro Genética y Derechos Humanos.

Las Madres de Plaza de Mayo continúan siendo un símbolo de memoria, verdad y justicia, y una referencia central en la defensa de los derechos humanos en Argentina y en el mundo. A 50 años del Golpe en Argentina, se sigue reclamando la apertura urgente y la entrega de los archivos de todas las áreas del Estado desde 1974 a 1983, para avanzar en las investigaciones de los responsables de los crímenes de lesa humanidad cometidos contra los y las 30.000 desaparecidos, y exigir juicio y castigo a todos los militares genocidas, miembros de las fuerzas de seguridad, responsables civiles y cómplices que aún quedan pendientes de condena. Cárcel común, perpetua y efectiva para todos los genocidas.

Fuentes

https://www.abuelas.org.ar/las-abuelas
https://madres.org/
chequeado.com
Tenemos Memoria, Universidad Nacional de Avellaneda